Contribuir




Cuando voy al supermercado, veo en la puerta a una mujer joven pidiendo. No recuerdo su nombre, sé que es rumana y que tiene una hija.

Hablando con ella en una ocasión le pregunté qué se le daba bien, qué sabía hacer; me miró como si estuviese algo chiflada y me dijo que se le daba bien limpiar. Posiblemente tenga muchas habilidades que no considere tales, quizá sepa coser, o hacer crecer plantas, o cocinar, o… Le pregunté por qué no aprovechaba el escaparate que le proporcionaba la puerta de Mercadona, tan transitada, para ofrecer eso que se le daba bien. Debió pensar que era una extraterrestre emboscada.

Lo cierto es que, si realmente estuviese buscando una oportunidad, un cartel que dijese me llamo Palmira, soy una costurera fantástica, pregúntame, posiblemente hubiese creado para ella una oportunidad y con el tiempo un trabajo.

Pero algo que supongo en un principio fue un recurso desesperado para sobrevivir se ha convertido en su modo de vida; pedir se ha convertido en su trabajo.

A mí me parece un mal trabajo y por eso no contribuyo a que se perpetúe ¿por qué?
  1. Porque esta mujer tiene treinta y pocos. ¿Va a seguir pidiendo en la puerta del supermercado los próximos treinta y tantos? Qué proyecto vital tan empobrecedor, qué poco orgullo de sí misma puede generar esa vida.
  2. Porque esta mujer tiene una hija. ¿Qué va a aprender esta niña sobre la vida y su papel en ella? ¿Qué hace tu madre? Pedir


¿Por qué es malo pedir? Porque quien pide no ofrece, recibe sin dar nada a cambio. Esto, que no tiene nada de malo cuando es puntual, una manera de sobrevivir en lo que encuentras una mejor manera de hacerlo, cuando lo conviertes en una forma de vida me parece una forma de matar tu espíritu, de empobrecer tu ser. Algo muy malo para la persona que decide conformarse con esa vida.

 Y es que, aunque no lo sepamos, hemos venido al mundo a contribuir, es una de nuestras siete tareas vitales; no hacerlo puede que resulte más cómodo -quizá esta mujer gane mucho más en la puerta del super que trabajando en ese mismo super- pero nos agosta el alma. Si no encontramos la manera de contribuir, puede que nuestra vida no sea muy mala, pero no será muy buena.

Un saludo compañer@s. Que encontréis vuestra manera única de devolverle al mundo al menos tanto como recibís. Estaréis construyendo para vosotros una vida con sentido y desarrollando orgullo por quienes vais siendo, estaréis construyendo felicidad para vuestras vidas.




Comentarios

Entradas populares de este blog

Retos para la Plenitud. Tercer Reto. Caminar

Lo que elegimos ser